E. D.
Caminaba por la calle y de la nada apareció y me dijo:
-¿Dónde estábais?, ¡llevo horas buscándoos!- Sorprendida, inquieta y ciertamente confundida, le dije: -¿Horas?, no os creo tan tonto y ocioso. Eso sí, -¿qué os pasa?, nisiquiera me habéis saludado-, dijo cínicamente. De repente, la mirada cruel del reproche, y procedió: -Es que como aquí yo no soy el ocioso, como vos lo decís, "no me explico qué os quedáis haciendo durante tanto tiempo en el centro de la ciudad"-
Claramente sentía su mal genio y le pregunté: -¿qué os pasa vida mía?, ¿es que ya no me creéis?-. Como con una mirada de arrepentimiento por la abrupta bienvenida, dijo: -si mi amor, lo que acaba de suceder es que no me gusta esperaros durante tanto tiempo y menos si osáis toparos con cualquier mendigo que se os cruce...-
Reventando repliqué: -¿cómo?, consideráis que ese hombre que va hacia los vehículos que podéis observar a lo lejos es un mendigo?-, a lo cual responde con comodidad: -pues claro, observad esa pinta andrajosa y maltratada...-
A lo cual respondí: -ajá-
Y él procedió: -tan sólo mirad su desplazamiento... como maltrecho y vulnerable...-
Y yo aceveré: -ajá-
Y él continuó: -es más, preguntadle si tan sólo un instante en su vida ha sabido lo que es un perfume o un buen baño con jabón-
Yo repetí: -ajá-
Y él remató: -vigiladle con cautela cada vez que se os acerque... no sea que desaparezca alguna de vuestras pertenencias-
A lo cual contesté: -cómo os parece que le preguntaré esta misma noche... porque sabéis?, vivo con él hace mucho tiempo y no tenéis el derecho a juzgarlo así. Además, es mi amigo, respetadlo.
Y él dijo: -pues será creeros-
Y yo reventé: -¡pues cómo os parece que ese hombre, ¡ese hombre!, andrajoso, maltrecho, como con la ropa maltratada y malholiente, desempleado, vicioso y ocioso que podéis observar caminando hacia lo lejos, ¡es vuestro futuro suegro!, ¡mi padre! ¡Güevón!.
FIN


0 Comments:
Post a Comment
<< Home