La Ciudad donde vivo, es la más cálida, la más grata, la más dulce, la Preciosa.
A mis ojos, la Ciudad perfecta. Es donde siempre quise vivir, donde vivo, donde quiero vivir por siempre. Me levanto en la mañana y aún no lo creo, porque hasta ahora logro estar donde siempre había estado mi corazón. Me levanto en la mañana y aún no lo creo, la suave brisa no me congela, porque es cálida como el corazón de ésta, mi Ciudad.
Salgo hacia estas calles, estas calles que se dejan recorrer sin resentimientos, veo sus habitantes que a mis ojos, crecieron en medio de lo querible, besable, amable; el trabajo, la pujanza y el esfuerzo; y de hecho, así es su gente, porque así es esta Ciudad, así son sus calles, así su tradición, llena de aromas a café, a musgo y montaña, ♫ un olor a tabaco y chanel ♫. Recorriendo San Juan hacia La América, no entiendo por qué estoy aquí, ¿será que sí lo merezco?, es demasiado bonito para ser verdad. No entiendo, ¿por qué me parece tan bonito y tan perfecto?, no me pregunten, que no sé la respuesta. Son los edificios del Alpujarra - la alcaldía -, El Edificio Inteligente, - en otros caminos - El Coltejer, es el Sol, es la brisa y sólo esta ciudad sabe la emoción que me provoca; es el latir de mi corazón quien me lo dice: la felicidad que me inspira despertar y besar esta Tierra que a pesar de todo, me vio crecer, - y en un pasado, en vacaciones y hoy en día - amanecer cada día en éste mi territorio, mi Tierra.
Una Ciudad que no reclama, que no reprocha. Una Ciudad que me provee: cariños, ternuras, recuerdos e historias. Una Ciudad que me transporta; porque me evoca mi sangre, ¡cómo tira la sangre!, lazos fuertes e irrompibles. Una Ciudad que me proyecta, porque con su amor y bondad me manifiesta que nada es imposible, que todo puedo lograr: hasta estar estudiando el La Universidad de Antioquia. Una Ciudad como siempre la quise, como si la hubiera mandado a hacer, ni yo misma la hubiera imaginado así. Una Ciudad devota, - a su manera – pero devota, encomendada. Una Ciudad responsable, querendona y juguetona. La Ciudad de la Eterna Primavera… de repente la M fue mi letra preferida, (por Medellín), y la arepa y los fríjoles mi comida favorita.
Aquí es donde vivo, estoy donde quiero, afortunadamente y gracias a Dios.
La Ciudad que me enamoró. Lograron enamorarme sus paisajes y sus ambientes, sus colores, sus servicios – y aunque no lo crean – hasta su transporte.
Una ciudad que de pronto no conoce el temor que siento al verme lejos de ella, una ciudad que cuando me voy, siento que me extraña, una ciudad que cuando llego me recibe con el mismo abrazo con el que la despedí; sin rencores ni malos recuerdos. Y es que a lo lejos le canto: ♫ y es que sólo con saber que al regresar tú esperarás por mí, aumentan los latidos de mi corazón, ¡volverte a ver!, es todo lo que quiero hacer, ¡volverte a ver!, para poderme reponer, porque sin ti mi vida yo no soy feliz, porque sin ti, mi vida no tiene raíz, ni una razón para vivir ♫.
Todos mis pasos me llevan a ti.
Una Ciudad que te hace cantar.
Una ciudad, inolvidable, inconfundible, sin igual y progresando. Una Ciudad, espectacular.
Una ciudad que no se describe con palabras porque su mirar y su existir es como el velo suave que cubre el cielo de colores rosa y púrpura al amanecer. Medellín, para mí siempre serás y te llamaré ♫ Preciosa ♫.
Medellín es más que una Ciudad.
… y luego de leerte y releer, escribir y reestudiar, comprenderte y entender donde vivo, Me queda claro que Medellín es un lugar sublime, una Ciudad donde los sueños se hacen realidad.